Cada viernes, la peatonal se convierte en escenario de participación y compromiso ciudadano
En plena peatonal Córdoba, a la altura de Corrientes, un grupo de personas mayores despliega cada viernes una carpa, reparte volantes y reúne adhesiones con un objetivo claro: que los derechos de las personas mayores queden expresamente incorporados en la futura Carta Orgánica de Rosario.
La iniciativa es impulsada por la Federación Regional de Asociaciones de Personas Adultas Mayores (Fapram) y el Foro de la Tercera Edad, espacios que nuclean a jubilados y jubiladas de distintos barrios de la ciudad. Bajo el lema de que “la militancia no tiene fecha de vencimiento”, hombres y mujeres de entre 60 y 90 años sostienen una campaña que ya cosecha cientos de firmas cada semana.
Una voz propia en la “mini Constitución” local
Con la autonomía municipal ya aprobada, Rosario avanzará hacia la sanción de su Carta Orgánica en 2027. En ese proceso, los jubilados buscan que la Defensoría de las Personas Mayores obtenga rango institucional y que exista una representación específica que defienda sus derechos en el ámbito legislativo local.
Desde las organizaciones remarcan que en la ciudad viven alrededor de 240 mil personas mayores y que el nuevo marco normativo debe reconocer de manera explícita sus necesidades y garantías. La campaña también reclama la reglamentación de la ley provincial 14.231, sancionada en 2023, aún pendiente de aplicación efectiva.
La respuesta de quienes transitan por el centro rosarino es, aseguran, alentadora: en pocas horas logran reunir más de 200 adhesiones, reflejo de un reclamo que interpela no solo a jubilados, sino a toda la comunidad.
Salud, transporte y dignidad
Entre las principales preocupaciones que expresan se encuentran el acceso a la salud, los recortes en medicamentos y las dificultades para trasladarse dentro de la ciudad. Muchos adultos mayores requieren acompañamiento para asistir a turnos médicos, lo que encarece aún más los costos en un contexto de haberes ajustados.
Desde las organizaciones advierten que estas situaciones impactan directamente en la calidad de vida y refuerzan la necesidad de contar con herramientas institucionales sólidas que protejan a uno de los sectores más vulnerables.
Contra el aislamiento y la brecha digital
Más allá de la junta de firmas, la movida también busca combatir la soledad y la exclusión. Fapram articula una red de 25 centros de jubilados donde se dictan talleres de informática, uso de celulares, actividades culturales, danza, literatura y espacios recreativos que promueven la autonomía y el encuentro.
La brecha digital y las dificultades para realizar trámites online son, según relatan, problemáticas frecuentes. Por eso sostienen que la inclusión de sus derechos en la Carta Orgánica no es solo una cuestión simbólica, sino una herramienta concreta para garantizar igualdad y respeto.
Con organización, constancia y presencia en la calle, los jubilados rosarinos buscan dejar huella en el nuevo capítulo institucional de la ciudad y demostrar que la participación ciudadana no tiene edad.



